El desafío para nuestra región no pasa por elegir entre apertura o aislamiento, sino por desarrollar capacidades propias para participar de la economía digital en mejores condiciones
La discusión sobre la soberanía ya no se limita al territorio o a los recursos naturales. En una economía cada vez más digital también depende de quién controla la infraestructura tecnológica, dónde se almacenan los datos, cómo se produce la energía que alimenta los centros de datos y qué capacidades tienen los países para desarrollar y gobernar estas tecnologías. La soberanía tecnológica plantea una pregunta concreta: ¿cómo participar de la transformación digital sin depender completamente de decisiones tomadas por otros?
Una discusión mucho más amplia que la tecnología
La soberanía tecnológica no significa fabricar todas las computadoras ni desarrollar cada aplicación dentro de un país. Se trata de construir capacidades para decidir sobre infraestructuras y tecnologías de las que dependen los servicios públicos, la economía, la seguridad o la innovación. Es una discusión que incluye cuestiones tan diversas como semiconductores, centros de datos, computación en la nube, telecomunicaciones, ciberseguridad, gobernanza de datos y energía, entre muchas otras.
Los datos también son infraestructura
Los datos son uno de los principales insumos de la economía digital. Por eso, la gobernanza de datos consiste en proteger la privacidad y en definir cómo se recolectan, almacenan, comparten y utilizan. Para la UNESCO esta agenda es cada vez más relevante, porque la calidad de los datos condiciona el desarrollo de nuevas tecnologías y plantea desafíos de seguridad, interoperabilidad y transparencia. Lo mismo ocurre con los datasets utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial. Si esos conjuntos de datos no reflejan las instituciones, la legislación o las particularidades culturales de una región, los resultados también serán limitados.
Construir capacidades
Para Argentina y América Latina el desafío no pasa por elegir entre apertura o aislamiento, sino por desarrollar capacidades propias para participar de la economía digital en mejores condiciones. Eso implica invertir en infraestructura, fortalecer la gobernanza de los datos, formar talento e impulsar instituciones capaces de acompañar la innovación. La soberanía tecnológica no implica hacer todo solos. Consiste en contar con las capacidades necesarias para decidir cómo, dónde y bajo qué reglas se incorporan las tecnologías que sostienen buena parte del desarrollo económico y la acción del Estado.



Es Lic. en Ciencia Política de la UBA y Mg.en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de San Andrés (UdeSA), realizó estudios de posgrado en la Universidad de Delaware (Beca Fulbright) y en la Universidad de Georgetown, ambas en EEUU. Es Profesor e Investigador en varias universidades de Argentina y de América Latina.