Todos los caminos conducen al Papa: La organización del Estado Vaticano

Publicado en El Ojo Digital.

 

La ciudad de Dios, también está bajo el imperio de los hombres. Esto quedó demostrado días atrás cuando el Papa Francisco decidió cambiar la cabeza de la Curia Romana, removiendo al Secretario de Estado Tarcisio Bertone, y nombrando en su lugar al italiano Pietro Parolin como su reemplazante. Sin embargo, es poco lo que se sabe de la configuración institucional y del  entramado organizacional del Vaticano.

El Papa, además de ser la cabeza de la Iglesia, es un Jefe de Estado, puesto que es quien ejerce el poder supremo sobre el Estado Vaticano. El Estado más chico del mundo, pero que tiene todas las características de un Estado: Territorio, población, moneda, sellos postales, radio, televisión, prefijo telefónico, dominio de internet, bandera y hasta ejército propio.

El Vaticano surge como Estado independiente en 1929, luego de un acuerdo entre el entonces Papa Pío XI y el “Duce” Benito Mussolini. El tratado, conocido como “Pactos de Letrán”, le reconoció la autonomía estatal al vaticano, que había quedado bajo dominio italiano con la reunificación de ese país a fines del siglo XIX.

Pensar el Vaticano como un Estado, obliga a pensar en determinadas características constitutivas, una forma de gobierno y una organización política.

Las características constitutivas del Estado vaticano, hacen referencia  a una población determinada, un territorio en el cual ejercer soberanía, y algunas características más que enumeramos previamente. En ese sentido, el Vaticano posee una superficie de 44 hectáreas que están separadas del resto de Roma por unas murallas que funcionan como atracción turística y como límite geográfico difuso, en la que habitan una población permanente de poco más de 850 personas, de las cuales la mitad no tiene ciudadanía vaticana, ya que la misma es entregada sólo por razón de cargo eclesiástico, o por funciones ejecutivas en la estructura de la Iglesia. Lo llamativo de esto, es que no se adquiere la ciudadanía ni por nacimiento ni por sangre, como en la mayoría de los Estados del mundo.

Entre otras características del Estado Vaticano se encuentra su moneda, ya que desde la creación de la “Zona Euro”, el Vaticano posee como moneda oficial al (€) Euro, aunque con diseño propio, que es aceptado en todo el territorio de la zona. Por otro lado, el ejército, o la defensa del Vaticano, está compuesta por la Guardia Suiza, quien tiene a su cargo la seguridad del Vaticano y del Papa dentro de este.

Desde el punto de vista de su forma de gobierno, el Vaticano es considerado una Monarquía Absoluta, en tanto el poder soberano recae sobre una sola persona. La figura principal, no es ejercida por un Rey, aunque sí por el sumo pontífice. Al igual que otras monarquías, esta es de carácter vitalicio, ya que en el caso de los Papas, quien asume el pontificado lo ejerce hasta su muerte, salvo y como ocurrió con Benedicto XVI, este abdique al cargo.

El carácter absoluto de la monarquía, se da en tanto que el Sumo Pontífice asume la titularidad y potestad de los tres poderes y sólo él puede delegar este poder.  Asimismo el Papa, a diferencia de otras monarquías, no comparte la soberanía con nadie, ni con otra institución, como podría ser un Parlamento o una corte, ni con otra persona.

A diferencia de otras monarquías que son hereditarias, el Papa no asume su poder por sangre, sino por medio de una elección a través de un Colegio (el Colegio Cardenalicio), cuyos miembros en última instancia son designados por el Papa que lo precedió en el cargo. Pero también, es una monarquía teocrática, en tanto y en cuanto, los Cardenales que eligen al Papa y los ciudadanos del Estado deben ser de la misma religión, pero sobre todo, porque el poder civil y religioso confluyen en una sola persona, el Sumo Pontífice. Esta es quizá la característica central de los Estados pre-modernos.

La organización política del vaticano es un punto importante. El Papa encarna la plenitud de los Poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), como lo indica la Ley Fundamental del Vaticano, esto permite al Sumo Pontífice delegar este poder, pero también retener para sí las funciones que crea importantes.

El Poder Legislativo es ejercido por la Pontificia Comisión, compuesta por un cardenal presidente y otros cardenales, que son designados por cinco años por el Papa. Esta Comisión, posee en lo formal más poder que en lo real. Según la Ley Fundamental, el Presidente de la Comisión es quien ejerce el poder ejecutivo, coadyuvado por el Secretario General y el Vicesecretario General, en los cuales puede delegar la resolución de determinadas funciones y atribuciones, incluso de manera permanente.

El Presidente de la Comisión, asume según la “Ley sobre el gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano” del año 2002, el título del Presidente del Gobernatorato del Vaticano (o Palacio de la Gobernación). Así el Presidente de la Comisión, actualmente en la figura del Cardenal Giuseppe Bertello, asume también como Presidente del Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano. De él, dependen todas las oficinas que hacen a la administración interna del Vaticano como ser, las direcciones de Contabilidad de Estado, Servicios Generales, Servicio de Seguridad y Protección Civil, Sanidad e Higiene, Museos, Servicios Técnicos, Telecomunicación, Servicios Económicos y de las Villas Económicas. Asimisimo, bajo su jurisdicción, se encuentra la Secretaría de Estado.

Por otro lado, es interesante resaltar la morfología del Poder Ejecutivo, que observamos está dividido en el Vaticano, por un lado, el Presidente del Gobernatorato, quien dirige la política interior, la seguridad y los asuntos técnicos, y por otro lado la Secretaría de Estado, quien tiene a su cargo los asuntos diplomáticos, siendo uno de sus asesores más cercanos y considerado “el número dos” del Papa.

La Secretaría General,  es el órgano más antiguo de la Curia Romana, por tanto uno de las caras más visibles y reconocidas del Poder Ejecutivo. La Curia Romana, es  quien ejerce de forma “suprema” el poder sobre la Iglesia, y a través de ella, el Papa lleva adelante los servicios de la Iglesia. La misma, siempre desempeña sus funciones como “delegación” del Sumo Pontífice.

Dependen de la Secretaria General dos áreas importantes: La sección de asuntos generales que funciona para asuntos internos del Vaticano y  la sección de asuntos entre Estados, que ejerce la diplomacia del Vaticano, una de las funciones más importantes de la Secretaría.

Por último, el Poder Judicial, cumple la función de ejercer la administración de justicia en nombre del Sumo Pontífice y se compone en la actualidad por un Juez único, un Tribunal, una Corte de apelación y una Corte de casación. Según el Tratado de Letrán, la jurisdicción penal del Vaticano se delega en la República de Italia.

Finalmente, y rememorando el dicho “todos los caminos conducen a Roma”, en el Vaticano y en materia de poder y administración, todos los caminos conducen al Papa. Mientras que en casi todo el mundo se propaga y promulga la democracia y se castiga y condena las dictaduras o las monarquías, el Vaticano sigue manteniendo la misma forma de gobierno desde hace siglos. Con cambios, arreglos y actualizaciones, la monarquía del vaticano no tiene precedentes en otros países o religiones, y sobre todo representa un caso de estudio, primero por la importancia que detenta sobre millones de personas, con una base territorial inferior a la de cualquier capital del mundo.