Sobre elecciones y reelecciones

El discurso de Máximo Kirchner semanas atrás reavivó un viejo debate: la reelección indefinida en nuestro país. Luego de las elecciones de 2013 y de la derrota electoral que sufrió el kirchnerismo en los principales distritos del país, la idea de “Cristina Eterna” parecía desvanecerse y dormir el sueño de los justos, pero la arenga del hijo de CFK a que “compitan con Cristina” reavivó el proyecto.

Esta situación no es atípica en nuestro continente. En los años ’80 eran pocos los países que tenían en sus constituciones la posibilidad de reelección. Muchos países que retornaron a la democracia no contaban con la posibilidad de que sus presidentes fueran relegidos. Pero desde los años ’90, y a partir de la ola democratizadora, la mayoría de los países de la región han avanzado en la reforma de sus constituciones y permitido distintos tipos de posibilidades en materia de reelección. De esta forma, la situación de los países en América Latina puede dar como resultados tres grandes subtipos según lo que marcan sus constituciones: a) con reelección, b) sin reelección o c) sin reelección inmediata.

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Del cuadro anterior se desprende una situación disímil en relación a la situación actual de varios países de América Latina. Cada color marca una situación y agrupa a los países en relación a “con reelección” o “sin reelección”. Asimismo cada posibilidad establece distintas alternativas.

En primer lugar encontramos un conjunto de países, entre los que se encuentra nuestro país luego de la reforma de la Constitución de 1994, que tienen reelección “inmediata” por un solo período. Por tanto, si un ex presidente que ocupó dos periodos quiere retornar al poder, debe esperar un mandato. En este grupo se encuentran Ecuador y Bolivia, donde sus actuales presidentes gozaron del apoyo de la Justicia y el Congreso para lograr un artilugio legal que les permitió tres mandatos consecutivos.

Por otro lado, encontramos un segundo grupo de países que no poseen reelección de forma inmediata, como sucede con Chile o Uruguay. En ambos países, al que se suma Perú, no hay posibilidad de reelección de forma inmediata. Por tanto, todos los presidentes deben esperar un período para volver a la presidencia tal como sucedió con Michelle Bachelet y podría suceder con Tabaré Vázquez. 

En contraposición a esto casos se encuentran un tercer grupo de países que poseen reelección indefinida. Tanto Venezuela, que fue presidido por Hugo Chávez desde 1999 hasta 2013, como Nicaragua (gobernada desde 2007 por Daniel Ortega), permiten que sus presidentes sean relegidos de manera indefinida. Aquí la discusión sobre el carácter democrático de esta posibilidad debe contemplar la posibilidad de alternancia para evitar tiranías electivas.

Por último se encuentran los países que no poseen posibilidad de reelección como es el caso de México, donde quien gobierna sabe que no podrá ser relegido. Así, el artículo 83 de la Constitución Nacional establece que “el Presidente entrara a ejercer su encargo el 1 de diciembre y durara en el seis años. El ciudadano que haya desempeñado el cargo de Presidente de la República, electo popularmente, o con el carácter de interino, provisional o substituto, en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a desempeñar ese puesto”. Algo parecido sucede en Paraguay, donde el artículo 229 de la Carta Magna de ese país estipula que “El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el quince de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso. El Vicepresidente sólo podrá ser electo Presidente para el período posterior, si hubiese cesado en su cargo seis meses antes de los comicios generales. Quien haya ejercido la presidencia por más de doce meses no podrá ser electo Vicepresidente de la República”.

Ambos países comparten el hecho de que quién haya desempeñado el cargo de presidente no podrá volver a ejercerlo nuevamente. En ambos casos el mandato presidencial es más largo que en el caso de Brasil o Argentina, con cinco años en Paraguay y seis en México. El debate es profundo en materia de gestión y de gobierno: son suficientes cinco o seis años para llevar adelante una verdadera transformación en un país o son necesarios más años. La respuesta podría ser sencilla: los proyectos exceden a las personas, y como sucedió en Uruguay e incluso en Chile durante varios mandatos,  gobernó un mismo partido con distintos presidente que ejercían ese rol durante un periodo. Los procesos iniciados se continuaban a pesar de los cambios en la cabeza del ejecutivo.

América Latina representa una región variopinta en materia política, pero a la característica general de tratarse de regímenes democráticos (a excepción de Cuba), cada país tienen sus propias normas en materia de mandato y reelección presidencial que obliga a repensar las posibilidades de la democracia.  Si bien la norma general parece ser evitar la reelección indefinida y asegurar la alternancia que evite las tiranías electivas, varios ejemplos demuestran que esta discusión aún no está saldada. La democracia sigue siendo un tema de debate, pero sobre todo de trabajo constante  de todos los sectores políticos y sociales.