Los intelectuales de Alfonsín

Publicado en Bastión Digital.

Durante los últimos años se ha hablado mucho de “Carta Abierta” y del rol de los intelectuales en la política, sin embargo, la vinculación entre intelectuales y el poder no es nueva en Argentina. La apertura democrática iniciada con el gobierno de Raúl Alfonsín, trajo aparejado una primavera social y cultural que permitió el ingreso al país de pensadores, actores, escritores y académicos. Ante esto, el gobierno comenzó un proceso para acercar intelectuales al gobierno, que dieran mayor sustento al mismo, pero sobre todo, articular un grupo que renovara el discurso político y acercara nuevas ideas al gobierno radical.

No era nuevo en Argentina, la idea de que grupos intelectuales o “think tanks” brinden apoyo y acerquen propuestas a diferentes gobiernos. Ya desde la década del ’60, FIEL, CEMA y Fundación Mediterránea habían contribuido al desarrollo, especialmente en materia económica, de diversos gobiernos. Alfonsín, no fue ajeno a esta situación y desde principio de los ’80 comenzó a trabajar con diversos grupos e intelectuales, actividad que se intensificó en 1983 cuando se logró la recuperación democrática. El objetivo: lograr un gobierno que pudiera hacer frente a los principales problemas y sortear la falta cuadros políticos producto del vacío generacional de la dictadura militar.

Ni bien iniciado el gobierno, varios grupos de intelectuales hicieron sus aportes para conformar el mismo. El Centro de Investigaciones sobre el Estado y la Administración (CISEA), que venía del Instituto Torcuato Di Tella, estaba compuesto por Dante Caputo, Jorge  Sábato, Enrique  Groisman y Jorge Roulet. Este último, era amigo personal del futuro presidente y ocupó luego la Secretaria de la Función Pública, secundado por Groisman. El CISEA acercó al presidente dos cuadros importantes. Dante Caputo, quien fuera canciller durante casi toda la presidencia de Alfonsín, y Jorge Sábato, quien fuera Ministro de Justicia y Educación.

Otros dos centros que aportaron cuadros técnicos al gobierno fueron el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), de donde provenía Oscar Oszlak quien acompañó la gestión de Roulet en la Función Pública. Por último, el IDES, Instituto de Desarrollo Económico y Social, de dónde provenía Juan Vital Sourrouille y su equipo económico.

Pero en 1984, Alfonsín quería armar un equipo de gente que acercara ideas y conocimiento al gobierno. Para ello contactó a Meyer Goodbar, a quien había conocido por medio de Roulet. Goodbar comenzó el proceso para “reclutar” un equipo intelectual para el presidente, pensando en la idea de los “speechwriters” que asesoraban al presidente norteamericano  Franklin D. Roosevelt. Para ello, Goodbar convocó a  Eduardo Issaharoff para que lo ayude a constituir un equipo de análisis del discurso que comenzara a trabajar. Este primer equipo comenzó a funcionar bajo la coordinación de Margarita Graziano, y participaban del mismo sociólogos como Gabriel Kessler, Claudia Hilb y Daniel Lutzky. Por otro lado, Goodbar y Issaharoff sumaron Sergio Bufano, Damián Tabarosky, Hugo Rapoport, el publicista Marcelo Cosin, Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ipola,  dos intelectuales que habían regresado al país hacia poco y fueron los más desatacados de esta cohorte. Este último grupo estaba llamado a lograr renovar y aportar ideas para mejorar el discurso del presidente.

El grupo comenzó a trabajar y a discutir ideas y proyectos. Se reunían con el presidente, y debatían y marcaban acciones determinadas para el nuevo discurso presidencial. Al comienzo, el grupo se reunía en una oficina alquilada en Capital Federal, en el microcentro porteño, sobre la calle Esmeralda.

El grupo adoptó rápidamente ese nombre: El “Grupo Esmeralda”. El Grupo Esmeralda, tenía dentro de su composición a De Ipola y Portantiero que venían del Club de Cultura Socialista, pero también a intelectuales que venían del campo de la semiótica como Graziano o del periodismo como Bufano, lo cual daba una amplitud de ideas y visiones. Las reuniones eran periódicas y se reunían quincenalmente con el propio Alfonsín, quien fijaba en gran medida la agenda. El objetivo era claro: mejorar y lograr un discurso sólido que diera a Alfonsín el sustento necesario para lograr llevar adelante la consolidación de la democracia.

A partir de 1985 el Grupo Esmeralda intensificó su tarea y comenzó a dar discursos importantes para el presidente que eran utilizados por éste en distintas oportunidades. El más famoso y uno de los mayores logros del Grupo Esmeralda fue quizás “Convocatoria para una convergencia democrática”, más conocido como el “Discurso de Parque Norte” de diciembre de 1985.

A pesar de las críticas de otros intelectuales por ser parte del gobierno, muchos de los miembros del Grupo Esmeralda han coincidido en la necesidad de trabajar para consolidar la Democracia y de haber sido seducidos por Alfonsín y sus ideas socialdemócratas. El propio Portantiero, reconoció que Alfonsín era “un socialdemócrata sin saberlo” y que sin ser un intelectual de la política tenía un bagaje cultural que permitía ensamblarse con los integrantes del Grupo Esmeralda.

El Grupo Esmeralda era criticado por algunos medios de prensa de la época como Ámbito Financiero o El Informador Público, y el propio Portantiero declaró en alguna entrevista que  dentro del partido radical ellos no eran bien vistos. De todas formas, el grupo logró éxitos importantes y transformó en poco tiempo el discurso político de un líder que apuntaba a lograr asegurar los beneficios de la libertad y consolidar la democracia como forma de vida.

Con aciertos y errores, Goodbar logró el armado de un equipo de notables, que se ajustó a los requerimientos de una época y del propio Alfonsín. Este encuentro, entre intelectuales y políticos, marcó el comienzo de una nueva etapa en la política nacional. Al estilo gramsciano este grupo intelectual fue el encargado de lograr homogeneizar a la ciudadanía detrás de un nuevo concepto de Democracia que permitiese pensar en una cultura política democrática contraria al autoritarismo y con el objetivo puesto en una democracia de largo plazo.