Illia, 50 años después

La memoria no es una práctica difundida, pero debe ser un ejercicio diario para todos aquellos que decidimos día a día como vocación la política. Y si de vocación política y de memoria hablamos, no podemos dejar de hacer referencia a Arturo Illia. Muchos recordarán su imagen como  aquella tortuga que  ponían en tapa algunas revistas de opinión de la época, pero otros preferimos rescatar su legado y sus valores, que enaltecen el ejercicio de la política, pero sobre todo enriquecen la democracia, como forma de vida colectiva.

El 12 de Octubre se cumplen 50 años que Arturo Illia jurase como Presidente de la Nación.  Este médico cordobés de perfil bajo, llegó a la presidencia por la Unión Cívica Radical del Pueblo, con el 25% de los votos, algo que fue duramente cuestionado en su momento, pero que superaría los porcentajes de cualquiera de los candidatos a presidente de 2003. Pese a esto, todas las fuerzas políticas que participaron de la elección del 1963, dieron su apoyo en el colegio electoral para consagrar la fómula Illia-Perette como ganadora.

Pese a las críticas de lentitud e ineficacia, el andar de su gobierno, demostró su idoneidad para el cargo. Asumió el gobierno y buscó proclamar las libertades públicas y cívicas a todos los ciudadanos, lo que fue mal interpretado por varios sectores que hicieron un abuso de las mismas, para utilizarlas contra el propio gobierno.

Illia gobernó un país difícil, en una época complicada e intentó, sin éxito, hacer primar los valores de la democracia en una sociedad donde la cultura democrática no era un valor ampliamente difundido. Este médico radical, que dedicó su vida a atender a los pobres en su provincia natal, y que llegó a gobernador de su provincia, cargo que no llegó a asumir por el Golpe de Estado de 1962, siempre prefirió el perfil bajo. Y este quedó plasmado en su resistencia a usar frac en la jura presidencial, utilizando un traje de calle, o a estrenar su mandato almorzando puchero con un grupo de amigos. El mismo presidente que prefirió abrir la Quinta de Olivos, para que sea utilizada como guardería y jardín de infantes para chicos de las villas del conurbano y la Capital Federal, durante los meses de marzo a diciembre y en los meses de verano, como colonia de vacaciones para chicos de distintos puntos del país. Que no aceptó el cobro de sueldo cuando dejó la presidencia, que cuando se fue del gobierno, desterrado por los militares, era el Estado el que le debía dinero, que nunca reclamó.

Illia buscó desde el comienzo de su gestión, la concordia y la inclusión de todos. Desarrolló un plan de gobierno, que aún hoy  podría ser considerado progresista. En los dos años y ocho meses que duró su gobierno, Illia propuso la sanción de la ley de salario mínimo vital y móvil, algo que se mantiene hasta hoy;  la ley de medicamentos, que proponía una política de precios y de control de los mismos y que le valió el enfrentamiento con sectores económicos concentrados; logró que la ONU  sancionara a favor de nuestro país e instara a Inglaterra a negociar una salida pacífica por Malvinas, y lanzó el programa de alfabetización para combatir el analfabetismo.

En materia política, levantó la proscripción del peronismo, pero los mayores éxitos los tuvo en materia económica: convirtió el déficit fiscal en un crecimiento del 10% del PBI en su primer año de gobierno y del 9% en el segundo, duplicó el presupuesto para educación, que pasó del 12% al 23% anual, y canceló la deuda externa con el Club de Paris sin hacer uso de reservas.

Un presidente distinto, que no era partidario de la publicidad oficial y de la que hizo escaso uso, que controló la inflación durante todo su mandato y que jerarquizó y defendió la autonomía universitaria.

Un hombre bueno, honesto, austero y leal, que respetó su convicción y su vocación hasta niveles extremos, que lo llevaron a su caída. El presidente que iba al cine caminando, y que cuando lo derrocaron volvió su pueblo a desarrollar su profesión.

Illia encarnó el sueño de la democracia, de la austeridad y de honestidad. Que realzó el respeto al otro y la libertad individual. Su relación con la prensa fue quizás un punto importante, ya que soportó los embates de la misma sin victimizarse ni hacer uso de su  poder contra medio alguno, y evitaba hacer uso de la cadena oficial, a la que criticaba. Se negaba a utilizar dinero de los contribuyentes, para publicitar su obras de gobierno o peor aún para convencerlos de lo beneficioso de su gobierno.

Se cumplen 50 años de su asunción a cargo del presidente, y se debe recordar no solo su gestión, sino su legado político. Illia representa el ideario democrático y republicano en política y permite pensar el ejercicio de la misma con eficacia y honestidad, pero remarcando que se puede gobernar por la vía del respeto y la honradez. Hoy Illia aparece como una figura política indiscutida, como uno de los grandes presidentes de nuestro país, pero sobre todo como un hombre, un dirigente y un buen político.