El sistema electoral y las elecciones de Argentina y Chile

Publicado en Bastión Digital.

En épocas de crisis política, uno de los principales temas que entra en discusión es el de la representación política, y como se traducen los votos en bancas a través del sistema electoral. Es interesante el contraste entre Argentina y Chile, dos países con diferencias en sus sistemas electorales, que en las próximas semanas celebran elecciones.

El sistema electoral fija las reglas acerca de cómo serán contabilizados los votos, como se dará la distribución de bancas, y sobre todo, cómo se transformarán los votos en bancas, lo que “genera diferentes efectos en la representatividad y la gobernabilidad” de un país (Navia, 2005: 245). Fija, en síntesis, la forma de representación que se da en cada país. Arend Lijphart establece que el sistema representativo es el elemento más importante de las democracias representativas (Lijphart, 1994).

Dieter Nohlen, hace referencia a dos principios de representación. El primero, de representación proporcional, “trata (…) de reproducir en el Parlamento, de la forma más fiel posible, las fuerzas sociales y los grupos políticos existentes en la población” (Nohlen, 2004: 13).  Por ello el sistema proporcional, donde las bancas se distribuyen de acuerdo al porcentaje de votos que obtenga cada fuerza, permite una representación más equitativa de acuerdo a los votos obtenidos y el grado de apoyo. Se cree que este sistema permite la competencia entre distintos partidos, propiciando una competencia entre un mayor número de partidos.  Giovani Sartori sostiene que “un sistema electoral proporcional (más de un representante por distrito, generalmente asociado a la representación proporcional mas posible también con sistemas de simple mayoría o mayoría relativa) no causa la multiplicidad de partidos, sino que la refleja” (Sartori: 2003, 29).

El segundo principio que marca Nohlen es aquel donde el “objetivo consiste en producir el gobierno de un partido o de una coalición de partidos basado en una mayoría parlamentaria” (Nohlen: 2004, 14).Este sistema conocido como sistema mayoritario, es aquel donde la representación se da a partir de mayorías absolutas o relativas, donde quien obtiene la mayor cantidad de votos obtiene las bancas en cuestión, no dando lugar a la representación proporcional. Puede que se conjugue con sistemas uninominales, como en Inglaterra o Estados Unidos, donde cada distrito electoral pone en juego un sólo escaño (o banca) y quien obtiene la mayor cantidad de votos se queda con la misma, dejando sin nada a quien sale en segundo lugar (winner takes all) sin importar la diferencia existente. En este caso, cada estado o provincia es dividido en diferentes circunscripciones de acuerdo a la cantidad de habitantes, asignando una banca a cada circunscripción.

El sistema proporcional en Argentina

Argentina, que en el mes de Octubre enfrentará un nuevo turno electoral, utiliza el sistema proporcional, con distribución de bancas por sistema D´Hont. Quien obtenga un porcentaje mayor al 3% del umbral electoral podrá acceder al cociente que asigna bancas. Este sistema electoral se conjuga con el tipo de listas “bloqueadas y cerradas”, donde quien vota por una lista, lo hace por la totalidad de la misma, no pudiendo elegir a sus integrantes ni a su posición dentro de la lista. Este tipo de listas, mal llamadas “sábana”, obliga a cada elector a elegir al primero de la lista y a todos los que lo acompañan, no pudiendo eliminar a ninguno. Esta situación tiene como ventaja que los partidos chicos que decidan formar parte de una lista conformada por un partido mayoritario, situación que se da con mayor frecuencia en la actualidad, podrían colocar un candidato en el lugar X, teniendo grandes chances de conseguir una banca si esta lista obtuviera un gran caudal electoral. Asimismo, los partidos menores suman votos para quienes encabezan la lista, pero también todos “traccionan” votos para la totalidad de la lista. Por otro lado, y entre las desventajas, si en la lista aparecen nombres con pocas chances de conseguir una banca o que no son de la preferencia de muchos electores, éstos no tienen la opción de no votarlos si quieren votar por esa lista.

Este sistema permite, en primer lugar, una representación proporcional, ya que las bancas se distribuyen de acuerdo al número de votos obtenidos entre todas las listas contendientes, pero también permite que en aquellos distritos donde se ponen en juego muchas bancas, puedan ser varios los partidos o listas que se presenten, ya que de obtener una buena cantidad de votos podrán acceder a una banca.

El sistema mayoritario con circunscripciones binominales de Chile.

Chile adoptó el sistema mayoritario  a partir de  1989, cuando retornó a la democracia. A diferencia de Estado Unidos o Inglaterra, también sistemas mayoritarios, Chile tiene un sistema binominal donde en cada circunscripción se ponen en juego dos bancas. A una se la lleva quien obtiene la mayor cantidad de votos. Quien sale segundo, de no ser doblado en la cantidad de votos, se lleva la segunda banca. Si quien sale primero duplica en votos al segundo, esta fuerza obtiene las dos bancas.

Este sistema está vigente en Chile a partir de la Constitución y “formó parte de las llamadas “leyes de amarre” que la dictadura de Augusto Pinochet produjo después de la realización del plebiscito de julio de 1989, el cual aprobó una serie de reformas democratizantes a la Constitución de 1980” (Valenzuela, 2005: 53).

El sistema mayoritario con circunscripciones binominal se aplica únicamente en Chile (Nohlen, 2006: 13) y  ha dado lugar a muchos estudios y análisis. Samuel Valenzuela (2005) explica que trae alteraciones importantes, que como marcan diferentes ejemplos, puede traer distorsiones en las elecciones, como sucedió en el primer turno electoral en el año 1989. En esta oportunidad, la Concertación por la Democracia llevaba para el Senado por el séptimo distrito de Santiago a los candidatos Andrés Zaldívar (Democracia Cristina) en primer lugar y a Ricardo Lagos, una de las figuras más conocidas de la izquierda chilena en segundo lugar por el Partido Socialista. Lagos obtuvo el 30,6% de los votos y Zaldívar el 31,3%, computando un total de 61,9% para la lista de la Concertación. La lista de Alianza por Chile logró un total de 32,5%, evitando que la Concertación la doble. A pesar de que los candidatos de la derecha, Jaime Guzmán y Miguel Otero, obtuvieron el 17,2%y el 15,3% de los votos respectivamente, fueron elegidos Zaldívar y Guzmán, quienes eran los más votados de cada lista.

Cabe resaltar, como lo hace Peter Siavelis, que en Chile “después de determinarse si una lista ganó uno o dos asientos, estos son asignados, según la votación propia, a candidatos individuales” (Siavelis, 2004: 60). Así, cada elector puede elegir a distintos candidatos. Por ejemplo, quien vota por Zaldívar en primer lugar puede no hacerlo por Lagos en segundo lugar. Debido al tipo de elección, Lagos quedó afuera del Senado, aun cuando había obtenido más votos que cualquiera de sus contendientes de  la “derecha”.

Si bien la historia demostró que Lagos tendría su oportunidad, llegando a presidente años más tarde, no se trata solo de nombres, sino de distorsiones importantes en la representación. Ya que si bien quien obtuvo más votos logró una banca, quien salió segundo y casi duplicó a quien salió tercero, quedó fuera del Senado.

Peter Siavelis (2004) entiende que este sistema buscaba asegurar una mayor representación de los partidos de derecha más cercanos a la dictadura saliente, ya que un sistema mayoritario con un sistema uninominal podría llevar a que la derecha no obtenga un porcentaje significativo de bancas. Este sistema asegura que en aquellos distritos donde no se dé la posibilidad de que la Concertación doble a la Alianza, ambos pactos obtendrán la misma cantidad de bancas. Siavelis entiende que la idea de la dictadura era disminuir el número de partidos, pero que ante la situación de instaurar un sistema mayoritario con circunscripciones uninominales, el cual podría complicar la representación de la derecha, se optó por este sistema, pues se creía que aseguraba un número de bancas importantes para aquellos partidos afines a la dictadura. Este mismo autor entiende que la mayoría de los teóricos concuerdan en que este sistema fomenta la formación de grandes bloques electorales, ya que proporciona fuerte estímulos para la conformación y el mantenimiento de las coaliciones (Siavelis, 2006).

En una entrevista del año 2011, realizada por el diario La Tercera de Chile a Arturo Valenzuela, el catedrático chileno reflexiona sobre el sistema binominal chileno y aclara que el mismo debe ser cambiado por un sistema que se ajuste a la realidad actual de Chile. Así, deja fuera de la discusión la posibilidad de que un cambio del sistema binominal lleve a una ampliación en el número de partidos y convierta a Chile en un multipartidismo. Por el contrario, Valenzuela entiende que si se cambia por un binominal ampliado, que permita la elección de un mayor número de representantes por distrito, esto llevaría a ampliar la representación a una situación que se ajuste a las necesidades actuales. Pero también sugiere que se instale un sistema de lista abierta, donde cada elector pueda elegir entre votar por la lista del partido o bien por uno de sus candidatos dentro de ella, asegurando una representación más justa. Por último, Valenzuela aclara que de esta forma todos los partidos que tengan representación ciudadana estarían en el parlamento y se evitaría que surjan partidos que no tengan anclaje en la ciudadanía.

 

 

 

 

El sistema electoral y sus efectos, una breve conclusión

Giovani Sartori estable que una “fórmula electoral fuerte (por ejemplo, un representante por distrito) tiene un efecto reductivo respecto de los partidos distrito por distrito (efecto local) por cuanto los que se sitúan bajo la simple mayoría o bajo la cuota tienden a desaparecer. Ello tendrá, además, un efecto reductivo a escala nacional, salvo que haya partidos fuertes que sean diversos en los distintos distritos” (Sartori, 2004: 5). De esta forma, podríamos concluir que el sistema binominal en Chile tendió a conseguir una competencia de tipo bipartidista entre dos grandes coaliciones. Tanto la Alianza por Chile, como la Concertación por la Democracia, han necesitado de un pacto interno fuerte que evite fisuras y la dispersión de votos que lleva a una pérdida de votos que pueda traducirse en pérdida de escaños.

Chile hoy se debate sobre la continuación de este sistema que si bien permitió una estabilidad política y partidaria desde 1990 hasta acá, propicia muchas voces críticas. Tanto Lagos como Bachelet han enviado proyectos de reforma del sistema binominal, los cuales fueron vetados tanto por partidos de la Alianza como de la Concertación. Sin embargo, ante la aparición de ciertas fracturas internas en ambas coaliciones y la rigidez del sistema, sigue siendo un tema de debate la eliminación o no del sistema binominal.

Peter Siavelis (2004) aclara que no hay en Chile un partido mayoritario, sino que cada coalición o pacto (la Concertación y la Alianza) está compuesto por diferentes partidos dado que Chile siempre tuvo un origen multipartidista. A su vez, dentro de cada coalición de produce una alineación de actores que da lugar a sub-pactos. Por ejemplo, los partidos que componen la Concertación se organizan internamente de la siguiente forma: por un lado, el sub-pacto de Centro (formado por la Democracia Cristiana y el Partido Radical Socialdemócrata) y por otro lado el sub-pacto de izquierda (formado por el Partido por la Democracia y el Partido Socialista). En el caso de la Alianza, la situación es más sencilla ya que son solo dos los partidos que la integran: por un lado, el Partido Renovación Nacional (al cual pertenece el Presidente Sebastián Piñera) y por el otro, más hacia la derecha, la Unión Demócrata Independiente.

De esta forma, la conformación de las listas siempre debe darse de forma tal que asegure una representación de todos los partidos. Como cada coalición puede presentar solamente dos candidatos, los líderes de los partidos están obligados a tener largas negociaciones para lograr armados que compensen a todas las fuerzas en los diferentes distritos. Como marca Siavelis, los “partidos buscan colocar a su candidato en la misma lista con un candidato débil (al que puedan vencer con facilidad) o a un candidato muy fuerte (que pueda acarrear la lista a la victoria de dos asientos)” (Siavelis, 2004: 68). Sobre esta situación, hay que sumar el agregado de que en el caso de la Concertación se debe tener presente la importancia de todos los partidos, ya que el conjunto necesita de los votos que todos los actores sumen, en pos de conseguir al menos un escaño y evitar ser doblados por sus oponentes. Esta situación obliga en gran medida a una mayor cohesión interna, pero sobre todo a la conformación de coaliciones que permitan obtener al menos una banca en cada distrito.

La conformación de listas, tampoco es algo sencillo en el sistema proporcional. En Argentina el sistema proporcional convivió durante años con un sistema bipartidista (UCR-PJ) sin ningún tipo de inconvenientes, ya que como establece Sartori “de haber un sistema estructurado de competencia bipartidista, la representación proporcional no genera su disolución y reemplazo por un número mayor de partidos” ya que para este autor, “los métodos proporcionales no tienen efectos de multiplicación o fragmentación sino de transparencia” (Sartori, 2006: 5). Sin embargo, en la actualidad, y luego de la crisis de 2001 y a partir de la fragmentación de los partidos políticos, el sistema proporcional llevó a que muchos partidos o facciones partidarias logren representación partidaria, permitiendo por un lado un mayor números de bloques en el Parlamento, lo que obligó a lograr coaliciones más grandes para temas claves, pero también posibilitó el surgimiento de nuevas estructuras partidarias a partir de esta representación legislativa.

En este sentido, cada vez que un partido decide el cierre de listas debe tener presente que con candidatos fuertes en los primeros puestos se aseguran un gran caudal de votos. Esta situación llevó en los últimos años a las candidaturas testimoniales. Por otro lado, la integración de frentes que permitan conformar listas con distintos partidos promueve que aquellos partidos chicos que no tengan candidatos fuertes puedan ingresar en la listas con candidatos de peso y acceder al Congreso. Esto beneficia también a quienes encabezan, ya que los votos que sumen estos partidos aseguran un mayor caudal de votos totales, que beneficia en primer lugar a quienes ocupan las primeras posiciones.

Para concluir cabe resaltar que en todos los casos, el sistema electoral termina siendo en última instancia donde se traduce la representación formal y a través del mismo puede darse una distorsión o una sobrerrepresentación de la sociedad. Los teóricos no acuerdan un criterio que permita establecer qué tipo de sistema electoral es el más adecuado, por el contrario puede darse un mejor sistema electoral en función de las características propias de cada país. Nohlen concluye que “no hay un sistema electoral ideal o best system” sino que por el contrario lo que se intenta es “sustituir un sistema que opera en la realidad política, al cual se atribuyen todas sus sentidas o supuestas maldades, por otro teóricamente ideal, del cual se espera la realización de todas las imaginadas bondades” (Nohlen, 2006:16). Por ello la instauración y el sostenimiento de un sistema electoral impactan de lleno en el sistema de partidos y sobre todo en la representación política de una sociedad determinada.

Si bien el debate en Chile tiene varias décadas, poco es lo que se ha avanzado y como marca Nohlen, no se puede referir a un sistema mejor, sino que lo que se puede buscar es el reemplazo de aquel que tiene lo efectos que se critican, por otro que, como marca Valenzuela, permita adaptarse a la realidad actual de Chile. Argentina ha debatido distintos aspectos del sistema político y la instauración de las PASO – Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias- o el voto voluntario para todos los jóvenes entre 16 y 18 años, son algunas de las reformas que se llevaron a cabo, pero no ha habido al menos por ahora una discusión profunda sobre el mejor sistema electoral que, como dice Nohlen, es aquel que mejor se adapta a los requisitos de lugar y tiempo de cada país en particular.

 

Referencias

Entrevista a Arturo Valenzuela, Diario La Tercera, Santiago de Chile, 01/10/2011.

Lijphart, Arend (1994), “Sistema Electoral y Sistema de partidos: Un estudio de 27 democracias”, Oxford, Oxford University Press. Navia, Patricio (2005), “La transformación de votos en escaños: leyes electorales en Chile, 1833-2004”, Política y gobierno, Volumen I, año N°2, Chile.

Nohlen, Dieter (2004), “Sistemas electorales y reforma electoral: Una introducción”, Biblioteca de la Reforma N° 3, Lima, Perú.

Nohlen, Dieter (2006), “La reforma del sistema binominal desde una perspectiva comparada”, Revista de Ciencia Política, volumen 26, Nº 1, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Siavelis, Peter (2004), “Sistema Electoral, desintegración de Coaliciones y democracia en Chile “El fin de la Concertación”, Resta de Ciencia Política, V. XXIV, Nº 1, Chile.

Sartori, Giovani (2004), “La Influencia de los sistemas electorales”, en Bernard Grofman y Arend Lijphart “Electoral Laws and Their Political Consequences”,  Agathon Press.

Valenzuela, Arturo (1994), “Party Politics and the Crisis of Presidentialism in Chile”. En The Failure of Presidential Democracy (Vols. 1 y 2), editado por Juan Linz y Arturo Valenzuela. Baltimore: Johns Hopkins University Press.

Valenzuela, J. Samuel (2005), “¿Hay que eliminar el sistema binominal? Una propuesta alternativa”, Revista de Ciencia Política, V. XXVI, N°1, Chile.

Valenzuela, J. Samuel (1995), “Orígenes y transformaciones del sistema de partidos en Chile”. Estudios Públicos, Chile.