A 30 años del “Informe Strasser”

El 15 de Febrero, se cumplen 30 años del comienzo de sesiones de la “Comisión para el Estudio de la Creación de la Carrera de Ciencia Política y sus Planes de Estudio”, creada a instancias del rector normalizador de la UBA desde fines de 1983, Francisco Delich. El objetivo de esta comisión, era justamente, estudiar la factibilidad de la creación de una carrera de Ciencia Política dentro del esquema de la Universidad de Buenos Aires, y su posterior armado de un plan de estudios.

No era una pretensión menor, que la Universidad más importante del país, y de las reconocidas del continente, tuviera la intención de crear una carrera ligada al estudio del sistema político, la política, el Estado y las relaciones internacionales, a meses de recuperada la Democracia luego de una cruenta dictadura.

La UBA, buscaba así, ser parte del proceso de transición y consolidación de la Democracia, iniciado por Raúl Alfonsín, a partir de sumar en su oferta académica, una carrera que apunte a la formación de intelectuales, mano de obra y masa crítica especializada en cuestiones relativas al estado y a la Democracia. No sólo era necesario formar a los que debían pensar y construir un nuevo Estado, sino que también era menester “llenarlo”, es decir, conformar una burocracia profesional.

En aquel informe, la comisión compuesta por Carlos Strasser, Waldo Ansaldi, Edgardo Catterberg, Mario dos Santos,  Mario Justo López, Roberto Martínez Nogueira y Oscar Oszlak, entre otros, tuvo presente a la política como una actividad “consustancial con la vida humana”, lo que lleva a que su estudio e investigación permita ser conscientes de lo que “somos, lo que hacemos y, también, lo que nos pasa”.  En el contexto de regreso a la Democracia, la política era en Argentina, la posibilidad de lograr una convivencia democrática duradera y estable, evitando los últimos 50 años de vaivenes institucionales.

En ese sentido, quienes integraban la comisión, entendían que el saber político era el que debía proporcionar la ayuda para lograr la renovación de la vida institucional del país. De esta forma, era imperioso contar con politólogos formados que trabajaran en esta línea. Por último, era importante que la UBA, la universidad más importante del país, ubicada en el centro político y económico del mismo, tuviera una carrea que diera los profesionales necesarios, ya que las principales universidades del mundo contaban  con estas carreras, pero sobre todo, asegurando la gratuidad y la laicidad de la misma, algo que sólo una universidad nacional podía asegurar, en ese sentido, la UBA era el bastión desde donde lanzar el asedio al autoritarismo.

En Junio de 1984, la comisión dio por finalizada su labor y entregó el llamado “Informe Strasser”, donde se justificaba y se sugería la creación de la carrea de “Ciencias Políticas” (luego se le quitaron las “s”) en el marco institucional de la UBA, y se proponía un primer plan de estudios. De esta forma, la carrera comenzó a funcionar, dependiendo del rectorado, a partir de abril de 1985, cuando se creó la misma. Hoy, 30 años, después de la creación de la comisión que dio a origen a nuestra carrera, con aciertos y errores, la UBA cuenta con una carrera de Ciencia Política de prestigio local e internacional, pero sobre todo, que sigue dando profesionales y abocándose al estudio de los principales problemas políticos del país, la región y el mundo. Sin embargo, hoy tenemos son otros problemas políticos, otro país, y otro mundo.

30 años y sus desafíos a futuro.

Luego de un primer plan de estudios con el que la carrera funcionó inicialmente, en 1993 se reformó el mismo y se dio un nuevo plan, con ajustes menores, con el que actualmente sigue funcionando. Lo cierto es que 30 años después del primer informe, la carrera merece una discusión profunda de su plan de estudios, teniendo como base aquellas primeras propuestas, pero repensando el país, la región, y sus necesidades políticas e institucionales.

Ante esta situación, cabe resaltar que en los últimos 20 años, no sólo el país cambió, sino también el mundo y la región, y es por tanto imperioso que nuestra carrera logre una actualización en base a los nuevos escenarios, que nos permita seguir dando egresados de excelencia. Por otro lado, la carrera surgió en base a las ideas reformistas que la inspiraron, por tanto continuar esa tradición permitirá contar con un nuevo plan de materias obligatorias, acordes a lo antes planteado, pero tratando de mantener vivo el espíritu que dio origen a la carrera.

Por otro lado, no es un dato menor el hecho de que al momento de la reforma del plan de estudios, no se hubiere sancionado la Ley de Educación Superior del año 1995. Esta ley, modificó de forma sustancial la acreditación de las carreras de grado y postgrado en el país, y es por ello necesario que nuestra carrera cumpla con las 2600 horas que se establecen legalmente. Esto no cambiará sustancialmente su espíritu, pero viéndolo como oportunidad, nos da la posibilidad de contar con una renovada oferta académica que atienda a los distintos aspectos de nuestros futuros egresados, quienes ya no se desempeñan sólo en el ámbito estatal, sino también en el privado, educativo y de las organizaciones de la sociedad civil.

Esta discusión, sin lugar a dudas debe incluir aspectos de formación ligados a las diferentes ramas y visiones. La reforma deberá contar con un sustancial debate de toda la comunidad académica, sobre la cual sobrevuelan ciertos acuerdos básicos. Uno de ellos es la metodología, donde se debe abogar por nuevos parámetros para la formación que permitan pensar en nuevos investigadores, pero teniendo presente los diagnósticos que la propia Facultad de Ciencias Sociales tiene al respecto y sobre todo de nuestra carrera. Asimismo se debe adecuar la carrera al estudio de lo local y lo nacional, en el marco de la nueva realidad regional, teniendo presente el nuevo rol estatal, que se ha modificado y reconfigurado (con idas y vueltas) en los últimos 20 años. Por último, tener presente la necesidad de la formación de nuestros profesionales en materia de análisis político, dándonos la posibilidad de nuevos desarrollos teóricos y prácticos, pero también pensando los fenómenos políticos en un marco multidisciplinar.

Por todo esto, a 30 años de la primera reunión que dio como resultado el “Informe Strasser”, es importante recuperar aquellos aportes, para discutir qué Ciencia Política queremos en la UBA, pero sobre todo, pensar en una carrera acorde a los nuevos tiempos y desafíos, de acuerdo a la necesidad de la actualización académica necesaria en la vida universitaria.